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Ángel Faretta

 

A quien se sienta a mi lado

 

Por qué Dios mío, frente a la belleza
posible, como Narciso a contracorriente,
evitás todo posible contacto cuando
huido ya de la tentación del espejo
lo otro me atrae fuera de mi yo.
¿Por qué? Te pregunto otra vez,
se repite esta no especular razón
que hace huya de mi ser parcial
buscando completarlo en otro.
¿Has tenido a bien –o a mal-
buscar mi perdición, cuando
no hago más que buscar
eso que pusiste en tu mundo
para así valorar lo tan bello
de tu obra? Siempre tarde
con torpezas y errores;
nombres apenas borroneados,
falta de señas, adioses apurados;
sueños que buscan compensar
vanamente lo no logrado; así
me apartás desde siempre
-o muchas veces, entonces-
de la piel vista y deseada
el paisaje carnal, el borde
de la prenda o dobladillo.
Penosa peripecia y pena.
¿Me vas a dejar tan sólo
la belleza de la imagen
vuelta pintura o film?
Todas son naves que se van
en este tiempo, y que solo
dejan una estela en el mar
inquieto de mi deseo 
tenaz. Aún en lo bajo
lo alto permanece.
Chet Baker ya sin dientes
al pico de su trompeta…
en Tokio en busca 
de un zen ya vuelto 
clisé y comentario. 
Me tiro al piso,
me desgarro, si llamás
desde ese otro lado.

Tremendo este poema de Angel Faretta. No veo que haya sido posible escribirlo sin animarse a "tocar fondo", sin permitir que lleguen a la letra zonas de uno a las que no es fácil dar paso. Se trata, entonces, de lo que el poema "dice", o, para ser más exacto, de lo que pone en juego, lo que revela o hace manifestarse, pero tampoco habría podido hacerlo si no latiera, bajo cada frase, una potencia genuina, algo muy vivo, y si no fueran exactamente esas las frases y las palabras, en su concreta singularidad (sonido y sentido a la vez), que están haciendo falta para que eso se dé, en el ritmo y con la entonación necesarios para que el murmullo que sostiene a la voz diga también lo suyo, prepare el alma, la disponga, permita que lo que tiene que llegar al alma venga llegando y sea entonces el estremecimiento y el reconocimiento extrañado que en el encuentro con estas palabras, y consigo mismo a partir de estas palabras, a uno le toca vivir.

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