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Juan Gelman

 

Nota XIII

 

“cada compañero tenía un pedazo de sol/
en el alma/ el corazón/ la memoria/
cada compañero tenía un pedazo de sol/
y de eso estoy hablando

no estoy hablando de los errores que
nos llevaron a la derrota/ por ahora/ no
estoy hablando de la soberbia/ la ceguera/ el delirio
militarista de la conducción/
estoy diciendo que cada compañero tenía un pedazo
de sol

que le iluminaba la cara/
le daba calor en el pavor nocturno/
lo abellaba alegrándole los ojos/
lo hacía volar/ volar/ volar/

¿se apagaron esos pedazos de sol ahora?/ ahora que los compañeros murieron/ ¿se
apagaron sus pedazos de sol?/ no siguen alumbrándoles alma/
memoria/ corazón/ calentándoles
el calcañar/ los huesos disparados de sombra?

solcito que se apagaba así/
todavía alumbrás esta noche/
en que estamos mirando la noche
hacia el lado por donde sale el sol”.

Eso, esa es la cuestión: el pedazo de sol que tenía cada uno. "Y de eso estoy hablando", avisa, para que no queden dudas, el poema de Gelman. No es que no se pueda hablar, ni mucho menos, de los errores que llevaron a la derrota, o de la soberbia o del delirio militarista de la conducción (al revés: ya al nombrar esas cuestiones, al ponerlas en palabra, el poema las da a ver, las saca de cualquier ocultamiento), es que, con todo lo importantes que esas cuestiones pueden ser o son, de lo que se trata ahora, en este poema, es del pedazo de sol. Mencionar eso, llamar la atención sobre eso, está en el corazón del poema, en su razón de existencia ("estoy diciendo que cada compañero tenía un pedazo de sol", insiste), como si lo que lo sostiene al poema, lo que anima, fuera un "fíjense en esto", o "esto también debe saberse" o "mejor no dejar de tener esto en cuenta". ¿Qué pasa con esos pedazos de sol? Ante ese interrogante que se nos abre, Gelman, o su poema, avanza luego para murmurar, como en una oración o un rezo, al sol o solcito para que uno, el que lee, si se siente involucrado en el plural de ese "estamos mirando", se mire o piense a sí mismo. ¿Y es porque dice o hace todo eso que a uno le importa el poema? Sí, pero no solamente: por lo que a partir de todo eso o con todo eso desata, en la escritura y en nosotros, interminable, siempre en movimiento, siempre volviendo una y otra vez a empezar su juego al que entramos para mantenernos más vivos y despiertos.

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