Alberto Cisnero

10-

 

¿por qué somos tan pocos? porque perdimos
todas las batallas. en los poemas siempre
muere alguien, lo que no se sabe es dónde.
en un libro toleramos un retrato, un hecho
pródigo y extraño, destinado sólo a la indagación
secundaria de un lector que olvidará qué significó
el orden familiar de un mundo. aunque esté bien
escrito. aunque defina credos personales
o se proponga formular alegatos. por ahí llegan
por correo, mediante amigos, en un talego,
a través del marco detector de metales
de los aeropuertos. igual que con ciertos
recuerdos nos proponemos o prevenimos
para extraviarlos. para leerlos. para escribirlos.
para extraviarlos. estaremos aquí mucho tiempo.
el agreste suelo seguirá aquí y nosotros también.

Entre un punto y otro, una oración que propone o expone algo, da a considerar algo, abre una consideración y la deja abierta, inmediatamente interrumpida por lo que aparece en la oración siguiente, que plantea algo perteneciento a otro campo temático, de modo de que hay que hacerse cargo de ese trabajo de interrumpir lo que venía y hacerse cargo de lo que viene, como en un movimiento de swing intelectual, que incluye la oscura sospecha (oscura pero muy sugerente) de que hay algún tipo de continuidad o vinculación, nada explícitas, entre una y otra oración, y de hecho la mente, quiera uno o no, la establece, y así, oración tras oración, hasta el final, como a un puerto de llegada, tipo conclusión provisoria, todavía sacudidos por la fuerte experiencia del viaje. Porque fue fuerte: la extremadamente cuidadosa articulación de las palabras y las frases más exactas posibles --aquello de "la palabra justa", irreemplazable, no sólo por su sentido-- tiene algo de mozartiano en cuanto arte de composición, y al mismo tiempo, latiendo adentro de las palabras y las frases y cargándolas, la negra fuerza ronca de un Charlie Mingus. Golpes de realidad concreta, de realidad presente, de realidad que importa (y no solamente, eso se siente, le importa a uno en tanto individuo): esa es la sensación. Algo de lo vivido, de lo percibido y de lo pensado uno reconoce en esos tramos de mundo y de tiempo recortados que se suceden y vibran. Algo a uno se revela, y aunque ni uno ni nadie podría decir qué es, se le reveló. Algo más real que la realidad se tocó o nos tocó. Desde un principio, algo o mucho de eso viene haciendo cada libro y cada poema de Alberto Cisnero , pero tal vez sea en "Forma parte de mi guerra", título sugestivo, donde mejor se lo percibe.

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