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Mahmoud Darwish

 

Sobre esta tierra

 

Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: 
la indecisión de abril, 
el olor del pan al alba, 
las opiniones de una mujer sobre los hombres, 
los escritos de Esquilo, 
las primicias del amor, 
la hierba sobre las piedras, 
las madres erguidas sobre un hilo de flauta 
y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores.

Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: 
el fin de septiembre, 
una dama que entra, con toda su lozanía, en la cuarentena, la hora del sol en la cárcel, 
una nube que imita un grupo de seres, 
las aclamaciones de un pueblo a quienes ascienden a la muerte sonriendo 
y el miedo que las canciones
inspiran a los tiranos.

Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: 
sobre esta tierra está la señora de la tierra, la madre de los comienzos, la madre de los finales. 
Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina.

Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, 
yo merezco vivir.

"Donde dice Palestina ponés Argentina y entendés todo", escribió Nestor Borrien el post del que copié el poema de Mahmoud Darwish. Y es cierto, y no creo que por pura coincidencia (en el fondo, es lo mismo lo que se está jugando). Que un poema "comprometido", si por tal se entiende hacerse cargo de una situación política y asumir una posición, termine con esa frase, "yo merezco vivir", me parece un hallazgo. No se trata de ir a dar la vida, se trata de que merecemos vivir, contra quienes ven nuestras vidas como accidente del paisaje, cuando no molestia a soportar o eliminar. Y si, cuando uno dice "Argentina", piensa en eso, "la madre de los comienzos, la madre de los finales", no hace entonces falta ningún énfasis retórico: es el sentido extra que un nombre, el de una patria, le da a los hechos del vivir. Y vivir es algo que se merece, y en esta tierra hay cosas que se merecen vivir (la indecisión de abril, el olor del pan al alba, las opiniones de una mujer sobre los hombres, los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba sobre las piedras, las madres erguidas sobre un hilo de flauta y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores, por ejemplo): que no nos impidan vivirlas, ni a esas ni a todas las demás.

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