top of page

Lucas Peralta

 

36

 

Habrá que masticar al mundo y así agotar toda 

obsesión o cómo hacer versos y masticar

piedras y elementos de origen. Nuevamente, la 

materia es fuente, lenguaje y horizonte que reclama. 

No basta con aquello que las palabras significan, sino 

con lo que callan. La falta de forma busca su ser, su estrépito.

La tarea delimita caminos que encierran 

este enjambre de la poesía y su imposibilidad.

 

En torno a las palabras de enlace, a las cuevas 

displicentes del verso, habrá que vallejear 

en empeño diligente todo denuedo y cruce mutuo.

 

Persistencia y derredor en la tregua, tantear el 

complot vencedor cuando se dice. Si verbo y hambre 

no vivencian en yunta, la imposibilidad del lenguaje 

gana o parece reducir la emergencia estruendosa 

gramatical, semigramatical o agramatical. 

Persistencia y derredor en la tregua, tantear el 

complot vencedor cuando se dice.

 

Habla seca, inconclusa. O ese lugar erial en el 

lenguaje donde toda segunda lectura denota y 

reconstruye esquemas indicadores y niveles en 

recluso de ser.

 

Si la escritura o el mensaje escrito fingen decir, la 

poesía, así, no tendrá ni tiempo ni espacio propio, 

sino componentes sintácticos que se engendran en 

base de rótulos. Esta complejidad y su nivelación 

sanea y reubica nuevos diálogos, descolla sueños, 

cobija sacrificios y reformula componentes de 

producción en profundos signos antagónicos.

 

Entonces, la página en blanco continuará siéndolo. 

En demasía, a rabiar, en un raudal de palabras al pedo 

como rasgos hartos ya de cualidades y opciones 

sonoras en la refriega.

 

Dificultad. Conflicto. Esto es lo que suplementa todo hecho poético.


....
Poesía lanzada a reflexionar, pero a reflexionar poéticamente, es decir a través de la puesta en escena de las palabras en movimiento, su materialidad puesta en juego tanto como su apuesta a «decir», nunca resuelta del todo y siempre irrenunciable. Poesía que piensa y da a pensar o reclama pensamiento la de Lucas Peralta, que a través del cuestionamiento de la escritura, de la de la poesía misma ante todo, lleva a cuestionar los modos de estar en el mundo, que es un mundo en disputa siempre, no apto para desentendidos ni para espíritus puros ni para que basten las buenas intenciones o la claridad ideológica en la aventura de encararlo. Todo fluyendo, todo en una sucesión temporal que no da respiro. No sé de nada parecido a lo que con el arrojo integral de su escritura hace Peralta, uno de los autores que están demostrando en Argentina que nunca la rimbaudiana búsqueda de otras posibilidades para el trabajo con la palabra, y por medio de las palabras, puede cerrarse, que tampoco hay fin de la historia alguna en este rubro.
 

bottom of page