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Pablo Caramelo

De "Un zumbido bajo y constante"

 

Las ocurrencias, de pronto,

se convierten en plegaria.

Una niebla sin primicias,

sin la urgencia del suceso

que nos quitaría el aire.

Pequeñas escenas ni acá

ni allá, cumplidas y disueltas,

un libro de moda sin abrir,

ya mustio sobre la mesa.

La luz de la mañana prende y

quema la memoria. Lo que llegue

tiene preparada su intemperie.

 

....

 

"Lo que llegue/ tiene preparada su intemperie": todo lo que hay en esa oración, lo que uno le encuentra de revelación aun antes de intentar decodificarlo, o aunque nunca lo decodifique. Pero también en la anterior: ¿cómo entender, aunque de algún modo "se entiende", que "la luz de la mañana prende y quema la memoria"? ¿Y los dos primeros versos? ¿Y los siguientes? Hay algo felizmente engañoso en el poema de Pablo Caramelo: por el tono reposado, por el aire de tranquilidad de ese decir, el respeto a las reglas sintácticas, por el nombrar cosas como "libro de moda", por la actitud descriptiva y, en general, el aspecto de sencillez, uno tiende a suponer que está ante un poema conversacional dedicado a comunicar una experiencia, pero el hecho es que cada palabra, en la escritura de Pablo Caramelo, o cada articulación de palabras, parecen haber sido pensadas para eludir la previsibilidad y cualquier posibilidad de rendirse fácilmente (por "haber sido pensadas" no quiero decir que haya habido cálculo o especulación, y hasta apostaría que no los hubo: es la manera que se me ocurre de dar cuenta de algo que encuentro en esa escritura y valoro). No para dificultar el acceso a la experiencia que trata, sino para transmitirla mejor: que llegue como sensación viva, y, por lo tanto, irreductible al lenguaje de la comunicación. En mi lectura, al menos, asisto a una suerte de revelación o pequeño milagro, de esos que se dan cuando uno se permite dejar de lado las reservas y sentir lo modestamente prodigioso que algunos momentos de la vida tienen para dar.

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