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Emily Dickinson

 

1129

Di la verdad entera pero dila sesgada.
El logro está en decirla oblicuamente.
Demasiado brillante para que la gocemos,
Es la verdad alta sorpresa,
Como para el niño el relámpago
Que alguna explicación benévola mitiga.
Que la verdad deslumbre gradualmente,
No sea que quedemos ciegos.

De las cinco versiones del poema 1129 de Emily Dickinson que pueden leerse acá, la que prefiero es esta, la de Arango. No fui a ver hasta qué punto es fiel al texto en inglés, me gusta como poema escrito en castellano, cómo da cuenta con palabras bastante justas de eso que ocurre ante la verdad, su capacidad de enceguecer porque no estamos conformados para enfrentárnosla. Como en el fragmento de TS Eliot: "Vé, vé, dijo el pájaro. La condición humana no soporta demasiada realidad". Así también suele la poesía tocar o hacer emerger lo que de otros modos las palabras no consiguen tocar o hacer emerger. Vale la pena, al margen de eso, cotejar las cinco versiones, tan distintas, y también cotejarlas, para quienes sepan inglés, con el original. Y ahí disfrutar de eso absolutamente intraducible (audible pero no traducible, la "melopea" de Pound): el modo en que Dickinson pone una junto a la otra las palabras para que en nuestras mentes suenen como pasos o notas o acordes musicales: esas repeticiones de erres y de tes, ese silabeo, el andar a la vez calmo y firme, que se detiene justo ahí, donde debía concluir, sin énfasis, con justeza.

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