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Mario Ortiz

 

Un hierro del 8 curvo
sale del hormigón armado.
.
Desde aquí abajo,
es un signo de pregunta que se lanza al cielo.

​

Poquitas palabras, cuatro líneas, una actitud y un tono descriptivos, neutros, hacen realidad esa leve conmoción que a uno lo saca de lo consabido para encontrarse con cierta arcaica y querida manera de estar en el mundo, tan poco frecuente en la vida que uno lleva: el placer casi místico de que la realidad concreta, y sobre todo la realidad más humilde, menos cargada de valor cultura, se le ponga a uno ante los ojos para que la lea, si es que por "leer" se entiende dar lugar en uno a lo que tienen para decirnos las cosas, en su inrreductible lengua de solamente existir. Vieja tentativa de la que una gran parte de la mejor poesía viene encargándose a lo largo de los siglos, de infinidad de maneras distintas, y que, como quien no quiere la cosa y se limita nomás a anotar impresiones, en los poemas o como quiera llamárselos de Mario Ortiz uno suele encontrar y agradece mucho.

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