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Xi Chuan

 

En el paisaje lejano, los árboles son como flores. Se balancean suavemente al soplo de una brisa. La brisa sopla, y es el instante en que alguien canta. Cuando alguien canta, una montaña desierta se convierte en una montaña desierta.

Trad.:Miguel Angel Petrecca

 

Me pegó fuerte la última oración, le hizo dar al pensamiento uno de esos vuelcos que uno vive como iluminaciones: "cuando alguien canta, una montaña desierta se convierte en una montaña desierta". Es el canto el que hace a eso, la montaña, ser lo que es, o verse como de veras es. ¿El canto -o la poesía, quién sabe- como eso que despeja las cosas para poder de veras verlas? Aunque toda poesía -sabemos bien- es intraducible, y más cuando la traducción se da entre idiomas tan extraños entre sí como el chino y el castellano, hay motivos para suponer que cuando "eso" donde el poema se asienta es, por decirlo así, "una verdad" (con la fuerza y la capacidad de hacerse presente de lo verdadero), "eso" puede, aunque sea en parte, atravesar los abismos entre las lenguas. Es la sensación que me producen las traducciones que Miguel Angel Petrecca hizo de Xi Chuan, uno de los más importantes poetas actuales de su país. Irónica, actualísima, crítica, audaz en su empleo de recursos y en el vuelo de la imaginación, la poesía de Xi Chuan acepta, sin embargo, en este caso, situarse en una actitud más cercana a la que uno identifica con la tradición poética china, o es al menos la sensación que me produce este texto.

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