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Lawrence Ferlinghetti

 

Compadeced a la nación poblada por carneros,
despistados por sus pastores.
Compadeced a la nación con dirigentes mentirosos, sus sabios silenciados,
y sus intolerantes rondando por las ondas.
Compadeced a la nación que no alza su voz,
si no es para ensalzar a conquistadores y aclamar como héroe al matón
y que quiere regir el mundo por la fuerza y la tortura.
Compadeced a la nación que no conoce otro lenguaje que el suyo
y ninguna otra cultura que la propia.
Compadeced a la nación que respira dinero
y duerme el sueño del sobrealimentado.
Compadeced a la nación, oh, y al pueblo que deja que menoscaben sus derechos
y que sus libertades sean arrasadas.
Mi país, tus lágrimas, dulce tierra de libertad.

Trad.:Germán Leyens

"Mi país, tus lágrimas, dulce tierra de libertad": ese último verso da vuelta todo el poema, lo resignifica. No para "decir otra cosa" que la que venía diciendo sino para enriquecer "eso", complejizarlo, fortalecerlo, suponiendo -y hay motivos para suponerlo- que cuando Lawrence Ferlinghetti dice "mi país" no piensa en una institución sino en personas concretas, a las que compadece, incluso por sus aflojes y sus imbecilidades. En el original, esa última línea está en bastardilla, es una cita, otra voz interna de la primera, su otra cara, porque lo que hay de acusación o denuncia o protesta o llamado se quedaría en solamente eso (acusación, denuncia, protesta, llamado) si el conmovido lamento no sugieriera "a esto quería llegar", y es entonces el juego entre las dos actitudes lo que a uno, lector, "le toca", lo que a uno lo mueve o lo conmueve, sin resolverse. Lo que tienen de poético la contradicción y la complejidad, como temblor que anima la potencia del "decir", complementan acá esa otra potencia, la de la oración o el rezo laico, que, aunque se percibe mejor en el original en inglés (Pity the nation whose people are sheep/ And whose shepherds mislead them/ Pity the nation whose leaders are liars/ Whose sages are silenced/ And whose bigots haunt the airwaves), subsiste bastante en la traducción al castellano. Obvio que la nación, "que quiere regir el mundo por la fuerza y la tortura, que no conoce otro lenguaje que el suyo y ninguna otra cultura que la propia, que respira dinero y duerme el sueño del sobrealimentado", no es la nuestra, pero no por eso uno, acá, deja de sentirse involucrado en la oración o rezo laico del maestro beat, más aun cuando esa nación, dice, es una nación poblada por carneros despistados por sus pastores, con dirigentes mentirosos, sabios silenciados e intolerantes rondando por las ondas.

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